Dentro de las áreas que me causan curiosidad está la arquitectura anatómica de los seres vivos, había algo equívoco donde miraba y no sabía decir el qué con un fundamento de respaldo, debido a esto decidí estudiar anatomía.

La idea era crear un ser que podría funcionar en este universo, que pudiera ser real, para esto debía saber cómo funcionaba.

Fui armando un elemento visual, el fin era aprender  y experimentar, no obstante leyendo un libro compilatorio de Eco (On Uglyness) volvió a aparecer una idea que me había estado generando ruido algún tiempo

¿Por qué siempre veía en el diseño cosas agradables o básicas?, había visto dolor, pena, angustia plasmada en canciones, libros y películas, pero nunca en un medio visual estático exceptuando una que otra obra de Goya.  ¿Por qué no hacer algo que no representara la belleza? Un sentimiento abstracto, incomodo, intimo, desesperante.

“El monstruo de dos cabezas te está esperando bajo la lluvia (y tú no sabes que hacer)”.

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Ese sentimiento de estar atrapado frente a algo gigante, infranqueable, el monstruo sonríe, sonríe porque te has dado cuenta de que no puedes volver, ni huir, sólo queda ese instante y el no tiene prisa, al primer movimiento buen viaje, su sonrisa es vacía, no tiene piel, no la necesita, no tienes chance, de naturaleza maligna está allí para destruirte, un problema infranqueable del que sabes que no vas a poder salir.
Como la misma fotomanipulación, hecha de retazos de huesos humanos y macros de músculos de animales muertos, este proyecto fue un proceso de capas, de etapas, por cierto, ningún problema es demasiado grande.